sábado, julio 5

Manifiesto Lesbiano



Me gustan las mujeres y soy gay:

MANIFIESTO LESBIANO



Escribo este neo-ensayo no porque he tenido mal sexo con hombres, no porque no haya sentido placer al sentir el semen de otro en mi cuerpo. Este manifiesto es y no es producto de una noche de sexo en que la ebriedad impidió que se me erectara el pene y a pesar de eso tuve sexo -y sentí placer-, es y no es producto de mi gusto de jugar a la casita y hablar de amor con mis amigas.
Ser lesbiano es muy distinto a ser lesbiana. Mi lesbianismo es simultáneo a la construcción de mi identidad gay. En un momento lo consideré un apéndice, pero el gesto de este escrito es legitimarlo en su relevancia sin querer la crítica de un sistema normativo de los cuerpos y deseos. Puede que este neo-ensayo sea parte de una ficción, pero por lo menos no es un sueño. Advierto que la siguiente es una lectura gay de lo femenino, de un gay que no pretende derrocar la ficción del patriarcado y sus producciones misoginias en torno a la mujer, porque valora el rol estratégico de este espacio legitimador de cuerpos. Esto no aísla la posibilidad de crítica en este plano.
Judith Butler realizó una crítica a la rigidez de las normas que constituyen las identidades heterosexuales. Para esta teórica los géneros son instituciones débiles, sus leyes se prestan a la parodia. Para la parodia del género da como ejemplo las identidades masculinas del ser mujer (butch o camiona) o la feminización del género masculino (drag-queen). Actualmente la legitimación de las identidades heterosexuales y GLBTTI (gay, lésbica, bisexual, transexual, transgénero e intersexual) parecieran tener pertinencia sólo en el plano político cuando se reivindican ciertos derechos o historias de estas individualidades colectivas. Yo, como maricón veinteañero y activista de la disidencia sexual, soy testigo de cómo en la cotidianidad, el género tiende a ser cuestionado, más aún si tu entorno se encuentra con un desviado sexual asumido y a quien, de alguna forma, se le debe incluir al sistema. Se crean figuras para institucionalizar en apariencia a gays o a lesbianas; figuras en la opinión pública que los relacionan a veces a actos delictuales, de pedofilia o relacionados con el espectáculo.
Soy espectador de un acto lastimoso donde los gays se humillan para ser aceptados por los otros, donde se cree que todos nuestros derechos están siendo respetados, que somos aceptados, justamente porque pareciera que no pasa nada. Pero en realidad somos omitidos, obviados por la política oficial y porque ni a los políticos de izquierda les interesa la muerte de un transexual a manos de homofóbicos cholos neonazis..
Lo anterior lo dije porque no me basta ser gay, porque al decir que soy gay es sólo una afirmación construida para que los otros no-desviados, los que tienen la “verdad”, me acepten. ¿De qué me sirve decir que soy gay? Sino que sólo para: 1) evitar mi muerte por una existencialidad depresiva que no me deja saber quien soy; 2) legitimarme frente a otros grupos y así mismo sentirme parte de un grupo de personas que consume una identidad y tiene una historia común; 3) limitar mi sexualidad a ser pasivo, activo o “moderno” en la cama; 4) restringir débilmente mi identidad sexual o género fallido al prohibir que folle con mujeres, ya que esto sí que sería una aberración (mito de la bisexualidad) a menos que me asuma como hetero y corrija mi desviación. Para este manifiesto sirve destacar el hecho de la restricción. De cómo esta se pone en práctica en la sexualidad del gay con la prohibición de involucrarse con alguien que no es correspondiente al “deseo sexual”. Justamente el psicologista y hasta romántico concepto pop de “deseo sexual”, al referirse a la sexualidad homo u hetero, se erige como un teorización unidimensional del erotismo. Cuando los deseos se plantean como múltiples y a veces hasta contradictorios, estamos en frente a una imposibilidad que pone en crisis el sistema positivista. Los cuerpos que afloran con una multiplicidad de deseos se convierten en cuerpos abyectos que se deben corregir. Por esto, afirmar que uno es “gay” produce una serie de relatos en torno a cómo follar, una pequeña producción imaginaria donde lo importante es que un hombre penetre a otro y eso. Y finalmente es importante cómo a un gay se le considera sólo el amigo de la mujer, como una relación de madre e hijo donde no es posible pensar en la posibilidad de incesto.
¿Pero qué sucede cuando la subjetividad descubre que no basta con ser gay? ¿Qué sucede cuando la integridad de mi deseo erótico no es tan coherente como podría ser? Todo puede partir por negación, porque no soy un gay que disfrute del sexo fálico, que guste del pene y la penetratividad de éste. Prefiero lamer el cuerpo, las axilas y por sobretodo las nalgas, porque soy un fan del sexo anal. Pero para dilatarlo no es necesario un pene siempre ¿no es cierto? No es necesario tener que sentirte como la mujer frígida que debe soportar a su marido encima, no basta con un hombre que se masturba con su mano o tu esfínter repitiendo un acto onanista. El sexo es poner en práctica la sexualidad, pero la sexualidad no se debe limitar al sexo, ni tampoco al mercantilizado término placer. Poner en práctica la sexualidad está en directa relación con nuestra forma de relacionarnos con otros: con nuestros actores favoritos, nuestra personalidad, la historia de vida.
Volviendo a la teoría postfeminista, esta corriente realizó una crítica a los grupos de mujeres autónomos, por ejemplo, porque su radicalidad políticamente correcta en términos del concepto de revolución defendía un concepto muy puro, íntegro e ideal de ser mujer, obviando la permeabilidad de las sexualidades. Si considero además la afirmación de Monique Wittig acerca de que “las lesbianas no son mujeres”, ya que su sexualidad no está en función de un sistema heterosexual reproductivo, entonces parodiar la normatividad en la mujer, las restricciones impuestas por discursos políticos entorno al cuerpo femenino, sirve para liberar y masificar las necesidades de los cuerpos con vagina. Comprobar la performatividad del concepto de género femenino (esto quiere decir hacer hincapié en la falencias y producciones de una cita en torno al ser femenino realizada en un contexto distinto del predispuesto por la sociedad) ayuda concebir un cuerpo más promiscuo, menos puro, y por ende un cuerpo que está relacionado con otros cuerpos e identidades, es decir, aceptar la imposibilidad del género casto al socializarlo.
En este punto recién es pertinente salir del clóset por segunda vez y afirmar que soy lesbiano. Recalco que me autodenomino lesbiano, no lesbiana. ¿Cuál es la diferencia? Podría decir que la diferencia es que no soy mujer, cuestión que sería en cierto sentido una falacia porque dentro de la amplitud del género femenino yo, como gay-femenino y ser anti-patriarcal, me apropio de muchas actitudes que me asemejan a este magno género, es decir que me hacen mujer sin alcanzar lo travesti o lo drag-queen. Entonces yo soy lesbiano porque me gustan las mujeres, mujeres que no necesariamente deben tener vagina, ser feministas o de izquierda. Como la teoría de género lo hace, considero a la mujer como, entre otras propiedades, como una adscripción a ciertas conductas, relatos o formas de ser de una persona relacionados en un primer momento por personas de un sexo determinado pero que luego la teoría queer ayudó a poner en crisis al instalar la intersexualidad y la transexualidad como figuras que parodian el género. Para resumir, el ser lesbiano se erige en la siguiente y alucinante contradicción: me gustan las mujeres y soy gay. Me admito como un obsesionado con la cultura de la mujer, sus relatos, aficiones e historias de dolor, además de su relación profunda -en el mayor de los casos- con el mundo de lo privado. Y el punto es que puedo considerarme y actuar como mujer sin disfrazarme de ésta. Por otra parte, el hecho de que ser lesbiano no sea considerada una identidad como tal, sino como mera ficción, cierta irrealidad propia de una loca hilarante, le otorga ese carácter revolucionario por la dificultad que tendrán los discursos legales de apropiarse de ésta.
En la práctica y desde mi subjetividad, elaboré una pauta para ser lesbiano. Para identificar que tan lesbiano es usted, corrobore que tan ciertas son las siguientes afirmaciones en su cotidianeidad:
• Soy un gay al que le gustan las mujeres. Esta afirmación determina el carácter bi-identitario de este concepto, ya que se debe ser lesbiano y gay simultáneamente. • Alucino con el cosmos de lo femenino elaborado por las industrias culturales. Consumo productos de mujer y participo en actividades típicas de lo femenino. Por ejemplo: prefiero bailar antes de jugar fútbol, prefiero una película de amor a una de acción, soy fan de Carla Bruni y Lady Di, me saco bellos del rostro con pinza, prefiero el vino antes de la cerveza.• He tenido sexo sin penetración de pene. • No soy un gay que se dedique a mirar paquetes.• El pene no es mi parte preferida del cuerpo masculino.• No soy misógino y estoy abierto a tener relaciones sexuales con mujeres lesbianas o heterosexuales o bisexuales.• Detesto los ghettos gays como las discos gays, los barrios gays, las tiendas gays y las series de televisión para gays.• Prefiero que me penetren a lamer un pene.• Me llevo mejor con las mujeres heterosexuales que con los hombres heterosexuales.• Tengo más amigas mujeres que hombres.• Me gusta cocinar.

jueves, junio 5

Amigo con cover


AMIGO CON COVER

Mi amigo con ventaja me dice que nunca pensó que la primera vez que nos vimos me besaría y terminaríamos besándonos después del vodka en una pieza sin muebles, después de sentir celos porque hablaba con una chica sobre ballet. Y yo le dije que no sabía nada de ballet, pero sí de ópera. Y que podríamos ir alguna vez a la ópera. Dije eso sabiendo que era como soñar, como pensar en pareja, esa que veo en mi casa que apenas se habla y que me tiene a mí como un hijo que en vez de nietos les dará gatos y que se sienta con las piernas cruzadas.
Mi amigo me besa con más ánimo en la oscuridad y me mete su lengua en la boca si tiene trago encima. Estoy seguro de eso, pero no de otras cosas. La primera vez que lo vi lo encontré bello, arreglado, perfumado y me gustó. Hablamos de por qué llegó unos cinco minutos tarde y le hice tomar precauciones sobre el lugar heterosexual adonde nos dirigíamos— un carrete universitario de izquierda. No me aguanté y al rato le pregunté si yo le gustaba, si era lo que él esperaba. Y él me dijo que sí, sin líbido. Luego nos quedamos callados mientras llegamos a casa. Quizás lo hice reír para relajar la tensión de conocernos.
Esa primera vez mi amigo no me dejó meterle mis dedos entre sus nalgas vírgenes, pero sí compartimos un chicle Grosso ensalivado. Luego en una disco gay, después de que un guardia nos echó de una salida de escape porque nos lamíamos nuestras pijas, nos encerramos en un baño mientras todos los maricones bailaban a la Britney Spears, a quien yo siempre defendía porque era tan decadente y mártir como lo fue Oscar Wilde en la época moderna. Mientras yo apretaba con mi mano una puerta que apenas tenía seguro, él me lamía mi católica tula menos mestiza que la suya. Y la gente quería abrir pero no podía o prefería no molestar. Esa vez no pude follarte porque estaba tan borracha que no pude follarte más que con los falos de mi mano.
A mi amigo con ventaja no le pude decir que “cada día lo amaba más”, ni que era mi amor y que de amor llenaba mi alma o que es “mi media naranja”. Prefiero decirle que mejor bese al chico que conoció por chat, que pruebe con otro, que siempre es distinto. Le digo también que sería feliz haciendo un trío, que así me veo en mi futuro, además de tener muchos libros y que ojalá alguien me mantenga para yo escribir más que textos pasados a nalgas peludas. Y le pregunto “¿Qué pasa?” y yo ya sé que me dirá que nada.
Mi amigo con cover vive apretadito en un departamento y no puede tener una mascota porque su casa es chica. Me encanta decirle que es mi mujer, mientras él me decir que me comporto como una niña porque lo subo en mi bici en la Alameda, porque no quiero una relación estable, porque escucho Gilda y Chopin, porque compro regalos a la gente y luego me los dejo para mí, porque no me gusta lo que estudio, por tener una planta que se llama Meredith, por emborracharme con sólo un vaso de vodka.
Le digo “te quiero puro dar” cuando me empiezo a quedar sin palabras por la borrachera, porque yo tomo para emborracharme y eso lo enoja y no alcanzo a decirle que es un moralista antes que él me diga “sí, entonces soy un moralista”, porque él ya sabe lo que diré. Me hace sentir obvio. Y de a poco me pide el contacto de los amigos que le presento y nos prestamos cosas… como amigos. Y ése te quiero puro dar se convierte en un rito que me permite seguir besando su morena piel, que es la primera, le digo. Porque el amor es como una lista de cosas que se tachan, que quedan por hacer. Y yo le digo a mi amigo que aún no he sido infiel ni tampoco empíricamente heterosexual.
Una vez hablamos de sus problemas en una escalera, en vez de besarnos en los baños de la universidad. Hablamos de sus tabúes, de que a veces pensaba que no quería ser un problema para la familia, que no quería hacer sufrir a su madre. Yo le dije que él no sería quien haría llorar a su madre, sino toda la gente que mira con asco cuando dos hombres se besan en la calle, que a ellos debería criticar. Creo que te dije que me gustaban los tríos y creo que descubriste de a poco que éramos muy distintos.
Luego te desapareciste. No conectabas. Me hiciste poner tan nervioso que me puse a ver a una película lésbica para reemplazar mi deseo de amor. Hasta que te apareciste en la noche, y me dijiste que msn no era un sitio para hablar de lo que sentíamos. Tuve que insistir como macho cabrío para que me dijeras que te pusiste a llorar cuando llegaste a tu casa, porque todo es demasiado nuevo para ti, porque digo las cosas sin suavidad, porque tú eres de la Universidad Católica y tú tienes algo de moral y yo no, a mí me gusta Pink Flamingos. Entonces descubrí que puedo sentir pena a pesar de ser un ser posmoderno e insensible, descubrí cuanto sirve el papel de víctima cuando no se sabe nada de amor.

sábado, marzo 22

No es real, es romántico

No es real, es romántico

Escribimos de amor porque no lo entendemos, porque nos pone nervioso, nos obliga a conocer a tus amigos— y eso cansa, es como una prueba de eliminación de reality. Tú te emborrachas y te pones romántico. Yo tengo ganas de sodomizarte más en la mañana que a la hora en que supuestamente debemos dormir, aunque nos demoremos varios minutos en nuestro sobajeo a oscuras. Como no somos vampiros, inventamos los “besos silenciosos” para hacernos creer que nadie escuchará en la pieza de al lado. Y a mí me gusta hacerte cariño bajo las mesas, besarte en pasajes oscuros de santiago, tocarte hasta que me digas que es suficiente. Y en cambio a ti te basta con contarme la historia de amor con tu mejor amiga, hacerte el hetero cuando creíste ver a tu vecino en el bar o tomarme la mano en alguna calle durante la mañana cuando la gente aún tiene sueño y cree que no es tan cierto eso de ver a dos hombres abrazados en una despedida. Y te basta con responderme que no pasa nada cuando yo te digo que no puedo tener una relación, que me da miedo. Como si estuviera enfermo, como si fuera inválido de afecto. Te cuento la historia de que los celos hacen daño, que me gustaría verte besándote con otro, que no quiero ser parte de otro culebrón de pareja donde tú me engañas con mi mejor amigo y donde yo debo hacer un escándalo. Pero yo no sirvo para esos papeles, cuando suceda esa escena en la que yo te pilló en el baño con labios pintados de semen, yo me quedaré con los brazos cruzados, te seguiré amando en silencio, lloraré en mi baño a solas y estaré seguro que el amor no es hecho para mí. Insistiré en que el amor es un método de USA para mantener a la gente ajena de sus problemas, aunque a ti te guste besarme en la calle pero no en los bares. Y sí, lo único que quedan son escenas pre-fabricadas: la del día de lluvia en que te puse mi chaqueta para que no te mojarás mientras escuchábamos Morrisey, tú me recuerdas cuando te imito y la vez en que me quedé dormido en la escalera y escuchamos a una mujer decir que no había nada más aburrido que follar con el hijo.

A veces vale la pena esperar 1 hora al chico que te gusta porque es culto y no piensa sólo en sexo, a pesar de que no sepas por qué se junta contigo, por qué te besa y te mete la mano en la entrepierna y amasa tus nalgas y te diga que el sexo es sucio, que el besarse es traspasarse un escupo con cariño, que el semen y otras secreciones son tabúes, nada más. Y es que no es delicado para hablar de amor, porque para él el amor es sucio, solitario, dudoso, renacentista. Para él el sentimiento está en la frase que dices con alcohol y que él anota en su agenda con forma de corazón, desesperado para no perder la emoción de esa frase que dice que aunque todo lo que pasó entre nosotros no es real, es romántico. Ahora eres su musa. Luego como su mamá incestuosa y sobreprotectora que se enoja porque la postea en tu cuenta de Facebook y no en su fotolog. Y eso te enoja, te hace decirme que no pasa nada.