jueves, junio 5

Amigo con cover


AMIGO CON COVER

Mi amigo con ventaja me dice que nunca pensó que la primera vez que nos vimos me besaría y terminaríamos besándonos después del vodka en una pieza sin muebles, después de sentir celos porque hablaba con una chica sobre ballet. Y yo le dije que no sabía nada de ballet, pero sí de ópera. Y que podríamos ir alguna vez a la ópera. Dije eso sabiendo que era como soñar, como pensar en pareja, esa que veo en mi casa que apenas se habla y que me tiene a mí como un hijo que en vez de nietos les dará gatos y que se sienta con las piernas cruzadas.
Mi amigo me besa con más ánimo en la oscuridad y me mete su lengua en la boca si tiene trago encima. Estoy seguro de eso, pero no de otras cosas. La primera vez que lo vi lo encontré bello, arreglado, perfumado y me gustó. Hablamos de por qué llegó unos cinco minutos tarde y le hice tomar precauciones sobre el lugar heterosexual adonde nos dirigíamos— un carrete universitario de izquierda. No me aguanté y al rato le pregunté si yo le gustaba, si era lo que él esperaba. Y él me dijo que sí, sin líbido. Luego nos quedamos callados mientras llegamos a casa. Quizás lo hice reír para relajar la tensión de conocernos.
Esa primera vez mi amigo no me dejó meterle mis dedos entre sus nalgas vírgenes, pero sí compartimos un chicle Grosso ensalivado. Luego en una disco gay, después de que un guardia nos echó de una salida de escape porque nos lamíamos nuestras pijas, nos encerramos en un baño mientras todos los maricones bailaban a la Britney Spears, a quien yo siempre defendía porque era tan decadente y mártir como lo fue Oscar Wilde en la época moderna. Mientras yo apretaba con mi mano una puerta que apenas tenía seguro, él me lamía mi católica tula menos mestiza que la suya. Y la gente quería abrir pero no podía o prefería no molestar. Esa vez no pude follarte porque estaba tan borracha que no pude follarte más que con los falos de mi mano.
A mi amigo con ventaja no le pude decir que “cada día lo amaba más”, ni que era mi amor y que de amor llenaba mi alma o que es “mi media naranja”. Prefiero decirle que mejor bese al chico que conoció por chat, que pruebe con otro, que siempre es distinto. Le digo también que sería feliz haciendo un trío, que así me veo en mi futuro, además de tener muchos libros y que ojalá alguien me mantenga para yo escribir más que textos pasados a nalgas peludas. Y le pregunto “¿Qué pasa?” y yo ya sé que me dirá que nada.
Mi amigo con cover vive apretadito en un departamento y no puede tener una mascota porque su casa es chica. Me encanta decirle que es mi mujer, mientras él me decir que me comporto como una niña porque lo subo en mi bici en la Alameda, porque no quiero una relación estable, porque escucho Gilda y Chopin, porque compro regalos a la gente y luego me los dejo para mí, porque no me gusta lo que estudio, por tener una planta que se llama Meredith, por emborracharme con sólo un vaso de vodka.
Le digo “te quiero puro dar” cuando me empiezo a quedar sin palabras por la borrachera, porque yo tomo para emborracharme y eso lo enoja y no alcanzo a decirle que es un moralista antes que él me diga “sí, entonces soy un moralista”, porque él ya sabe lo que diré. Me hace sentir obvio. Y de a poco me pide el contacto de los amigos que le presento y nos prestamos cosas… como amigos. Y ése te quiero puro dar se convierte en un rito que me permite seguir besando su morena piel, que es la primera, le digo. Porque el amor es como una lista de cosas que se tachan, que quedan por hacer. Y yo le digo a mi amigo que aún no he sido infiel ni tampoco empíricamente heterosexual.
Una vez hablamos de sus problemas en una escalera, en vez de besarnos en los baños de la universidad. Hablamos de sus tabúes, de que a veces pensaba que no quería ser un problema para la familia, que no quería hacer sufrir a su madre. Yo le dije que él no sería quien haría llorar a su madre, sino toda la gente que mira con asco cuando dos hombres se besan en la calle, que a ellos debería criticar. Creo que te dije que me gustaban los tríos y creo que descubriste de a poco que éramos muy distintos.
Luego te desapareciste. No conectabas. Me hiciste poner tan nervioso que me puse a ver a una película lésbica para reemplazar mi deseo de amor. Hasta que te apareciste en la noche, y me dijiste que msn no era un sitio para hablar de lo que sentíamos. Tuve que insistir como macho cabrío para que me dijeras que te pusiste a llorar cuando llegaste a tu casa, porque todo es demasiado nuevo para ti, porque digo las cosas sin suavidad, porque tú eres de la Universidad Católica y tú tienes algo de moral y yo no, a mí me gusta Pink Flamingos. Entonces descubrí que puedo sentir pena a pesar de ser un ser posmoderno e insensible, descubrí cuanto sirve el papel de víctima cuando no se sabe nada de amor.

sábado, marzo 22

No es real, es romántico

No es real, es romántico

Escribimos de amor porque no lo entendemos, porque nos pone nervioso, nos obliga a conocer a tus amigos— y eso cansa, es como una prueba de eliminación de reality. Tú te emborrachas y te pones romántico. Yo tengo ganas de sodomizarte más en la mañana que a la hora en que supuestamente debemos dormir, aunque nos demoremos varios minutos en nuestro sobajeo a oscuras. Como no somos vampiros, inventamos los “besos silenciosos” para hacernos creer que nadie escuchará en la pieza de al lado. Y a mí me gusta hacerte cariño bajo las mesas, besarte en pasajes oscuros de santiago, tocarte hasta que me digas que es suficiente. Y en cambio a ti te basta con contarme la historia de amor con tu mejor amiga, hacerte el hetero cuando creíste ver a tu vecino en el bar o tomarme la mano en alguna calle durante la mañana cuando la gente aún tiene sueño y cree que no es tan cierto eso de ver a dos hombres abrazados en una despedida. Y te basta con responderme que no pasa nada cuando yo te digo que no puedo tener una relación, que me da miedo. Como si estuviera enfermo, como si fuera inválido de afecto. Te cuento la historia de que los celos hacen daño, que me gustaría verte besándote con otro, que no quiero ser parte de otro culebrón de pareja donde tú me engañas con mi mejor amigo y donde yo debo hacer un escándalo. Pero yo no sirvo para esos papeles, cuando suceda esa escena en la que yo te pilló en el baño con labios pintados de semen, yo me quedaré con los brazos cruzados, te seguiré amando en silencio, lloraré en mi baño a solas y estaré seguro que el amor no es hecho para mí. Insistiré en que el amor es un método de USA para mantener a la gente ajena de sus problemas, aunque a ti te guste besarme en la calle pero no en los bares. Y sí, lo único que quedan son escenas pre-fabricadas: la del día de lluvia en que te puse mi chaqueta para que no te mojarás mientras escuchábamos Morrisey, tú me recuerdas cuando te imito y la vez en que me quedé dormido en la escalera y escuchamos a una mujer decir que no había nada más aburrido que follar con el hijo.

A veces vale la pena esperar 1 hora al chico que te gusta porque es culto y no piensa sólo en sexo, a pesar de que no sepas por qué se junta contigo, por qué te besa y te mete la mano en la entrepierna y amasa tus nalgas y te diga que el sexo es sucio, que el besarse es traspasarse un escupo con cariño, que el semen y otras secreciones son tabúes, nada más. Y es que no es delicado para hablar de amor, porque para él el amor es sucio, solitario, dudoso, renacentista. Para él el sentimiento está en la frase que dices con alcohol y que él anota en su agenda con forma de corazón, desesperado para no perder la emoción de esa frase que dice que aunque todo lo que pasó entre nosotros no es real, es romántico. Ahora eres su musa. Luego como su mamá incestuosa y sobreprotectora que se enoja porque la postea en tu cuenta de Facebook y no en su fotolog. Y eso te enoja, te hace decirme que no pasa nada.

jueves, febrero 28

wild on en la U. de Chile




Wild On en la U. de Chile

Ir a carretear a la U es sinónimo de sentirme despechado por algún rosa. Es amistad, es yo contando otra vez cómo me hice gay a la amiga de mi amiga. Es darme un besito tímido con una amiga. Esperar que entre tanto hetero, encuentre a un cola o , por último un transmasculino, que se siente tan ajeno del mundo como yo me puedo sentir en esos momentos, como les pasa a los adolescentes con sus padres que no los entienden, como le ocurre a la gente a la gente que se dedica a ver mucha tele.

Conocí Antumapu porque tengo una amiga que se aprendió en ese campus, durante 3 años, los nombres de las plantas y cualquier arbusto con en el que uno se topa en un carrete y ella comienza a nombrarlo, como si lo descifrara de su anonimato, mostrando el talento que la hizo darse cuenta que lo suyo era el periodismo, quizás. Aunque aún no lo tiene claro. No sé que teníamos en la cabeza con mi grupo de amigos para ir a carretear tan lejos. Cuando tomábamos el metro de color celeste, en el pasador, a un amigo se le rompió la botella de ron blanco Mitjans, el suelo estaba lleno de ese trago; pensé en lamer el suelo. A falta de ron blanco y dinero, optamos por comprar pisco y combinarlo con una imitación de la Sprite que valía en sus 2 litros la módica suma de $300 pesos. Me terminé bebiendo esa exquisitez solo, pues era encantadoramente imbebible. En ese minuto dejé de ser Miguel y me pasé a llamar Michelle, porque en la borrachera nivel 1 decidimos cambiarnos los nombres. Tuve que cruzar todas las granjas de ese campus para llegar a otra área igual de rural donde se ubicaban las canchas de fútbol y bastante arbusto sin cortar que me hacía decir en público “qué dirty sería estar un rato en esos arbustos con uno de esos chicos”. Me refería a los especimenes “lana” de Antumapu que comenzaban a bailar una capoeira regeatonera, dando vueltas en sí mismos como arácnidos y mostrando esos abdómenes que yo no logro porque paso sentado en mi escritorio escribiendo cosas de semiótica y estructuralismo.
Luego hubo besos, confesiones y lo típico de las previas, hasta que se acabó el alcohol. Ya estaba oscuro y me imaginaba que los arbustos no se movían por la brisa Pintaniana sino porque había gente sobajeandose— como mínimo— encima de éstos. Nos fuimos al casino de Antumapu y nos dedicamos a bailar regeaton, reageaton y más reageaton.
Después de haber conseguido alcohol gratuito, gracias al patrociono de las amigas de las amigas de mi compañera y luego de beber restos de pis-cola que encontraba en las mesas, cuando había tenido que escuchar cómo los antumapinos gritaban extasiados por una promotora que se subía la polera, cuando en la borrachera me subí todo alternativo al escenario y me puse a saludar a las ganadoras de cada generación, cuando ya tenía pisco, cerveza, ron y vino en mi estómago; llegó el momento en el cual una rubia ciliconera disfrazada de policía gringa se subió al escenario. Me imaginé el espectáculo que acontecería, mientras escuchaba los gritos de los hombres. Indignada en mi curadera— sabía que podía ser más ramera que la del escenario— olvidando a mis amigos, lanzando diatribas contra el machismo y el sistema patriarcal; me retiré del casino y llegué al baño. Esperé en la puerta de un cubículo y obviamente no hubo ningún caballero que me invitara a pasar.
Otra vez al interior del casino escuché el aullido de las mujeres. Esta vez mi enojo por la rubia exposición se olvidó y me dediqué a atropellar personas para acercarme al escenario donde un negro made in nigeria comenzaba a desvestirse. Ahí descubrí el beneficio de ser más alto que las mujeres, pude llegar fácilmente a tocar la piernas afro y bueno, entre tanta mano que se aproximaba al paquete del negro, cuando ya todas descubrimos que el mito del tamaño era cierto y bien grueso, cuando todo parecía ser una alabanza al falo, mi mano sin uñas pintadas fue confundida— quizás— y el negro me hizo tocar su miembro. Creo que gemí y al momento escuché a un tipo decir detrás de mí “arggg, ¿eres maricón?”.Yo le dije: “sí, soy maricón, pero a veces soy lesbiano”. Cita que se hizo más o menos cierta, cuando una chica con sobrepeso salió de los oscuros edificios de forestal, donde yo estaba llamando a mis amigos para decirles que se la había tocado a un negro y me dijo que yo era lindo y yo le dije que yo no era un hombre de verdad y ella me dijo que no me importaba. Entonces nos dimos un beso. Y así me hice lesbiano.