viernes, junio 29

La estética casera de la web



La estética casera de la web




A continuación un breve texto donde reflexiono sobre el pontencial y las propiedades de los productos en "bruto" o "sin editar" transados en la web. (1ª Entrada para CFG de Comunicación y Globalización)

by Cristian Cabello

Hace bastantes años que la pluma de periodistas ya no es sólo de los profesionales, hay una gran cantidad de individuos virtuales que investigan, editan, recolectan y/o publican información para el disfrute de otros cuerpos virtuales. Pareciera ser que cualquiera puede escribir un texto, grabar un video o tomar una fotografía, y conseguir que los índices de visitas de su página web, blog o fotolog (como quiera expresarse), se eleven exponencialmente. No importa el título, ni el apellido y ni su ubicación geográfica. Con los nuevos espacios de interacción en la red se genera una suerte de democratización de la participación ciudadana-virtual.

Las diferencias más visibles, pero no menos profundas, entre el periodismo clásico, en función de auspiciadores o instituciones, y el nuevo periodismo participativo, son las estructuras semióticas que utilizan como medios de expresión. El periodismo participativo al romper las creencias entorno a la existencia de una objetividad, en pos de una multitud de puntos de vistas que opinan y se segregan en algunas temáticas, legitima la diferencia y subjetividad de un medio o sujeto comunicador. Estas divergencias estructurales, visibles de inmediato al comparar una nota informativa de prensa escrita con una nota informativa que permite comentar a sus lectores; son producto, principalmente, del surgimiento del texto “en bruto”.

En la web 2.0 surge un texto que privilegia el diálogo con los cibernautas de la comunidad antes que un documento realizado con mayor profundidad periodística. Acá no existe ese temible editor de medio que rechaza textos enteros, censura u omite parte del trabajo o declaraciones de otra persona. Los periodistas de medios participativos logran legitimar su individualidad, sus errores y su ansiedad, para construir un medio que les exige, a través de sus visitantes, más periodicidad, novedad y originalidad. El “texto bruto” aparece como el medio menos uniformado lingüísticamente y como atracción y seducción, por medio de un lenguaje propio de una comunidad virtual. El reconocimiento de un lenguaje especifico y los códigos en común manejados por un grupo (etario, étnico, sexual, etc.), facilitan un sentido de pertenencia mayor con el medio web.

Por otra parte el texto “sin edición” que se publica a cada segundo en la web, y que luego se relacionará con los comentarios o post que escriban los usuarios, es una imagen efímera y amateur que erige otra estética de la representación. Ya desplomamos la objetividad con la diversidad de opiniones que encontramos en Internet, de hecho agradecemos la honestidad de un medio al conocer quienes son las personas autoras de los textos: vecinos, amigos, profesores, etc. En este punto no puedo dejar de nombrar el éxito de Youtube como texto audiovisual de convergencia de otros textos, dando mayor atracción y complementariedad a la información, y como paradigma de un nuevo modelo de representación. Ya que apodera de los formatos televisivos y de cine y las técnicas de las cámaras de video no-profesionales, para elaborar un producto independiente, autofinanciado, casero y, a veces, con aspiraciones de documental; pero, por sobre todo, es el ejemplo del límite al que han llegado las nuevas formas de participación ciudadana en la red y que socavan lo que entendemos por “calidad” de la información. Pareciera que el texto vale por lo que es, no por lo que representa o la producción que conlleva. Fijarse en estos detalles podría significar relegar al producto al olvido por una causa política o por discriminación social. Después de todo son los visitantes quines califican el contenido. Sólo me limitaré a mencionar que nadie podría afirmar que un video casero karaoke-interpretativo-performance, protagonizado por dos adolescentes de Calama, y que hace una propia interpretación de una canción de regeaton, no es información de calidad si esta recibe 800 mil visitas en un día de semana y es elegido como el favorito por la comunidad Youtube de Chile. Pero esta discusión la dilucidaremos en una próxima entrada.

sábado, junio 9

Ambigüi


El nuevo estilo de relaciones teenegers
Ambigüis

En la actualidad las amistades no sólo se limitan a las parsimoniosas actividades de tomar té, ayudarse en los tiempos inextricables y presentarse para algún bautizo. Cada vez más los amigos no respetan formalismos y entablan relaciones con escasas reglas. Este hecho crece en el grupo juvenil y aumenta cada vez más en los adolescentes.



Ambigüi”: Adjetivo. Término juvenil-posmoderno que (según el conocimiento popular cosumista) se refiere a las relaciones de amistad donde los interactuantes suelen confundirse, para luego relacionarse o insinuarse sexualmente con sus conocid@s. No incluye relaciones permanentes; sólo espontáneas decaídas. El hecho se intenta explicar a partir del actual estado de soledades de los sujetos, el individualismo y la negación a relaciones duraderas y compromisos.
Conocí el término en una fiesta del Barrio Brasil el fin de semana pasado. Jóvenes de entre 20 y 23 años, amigos y asiduos visitantes de la discoteque Blondie y Club Miel, me explicaron el origen del léxico: “es una mezcla entre la reconocida palabra “amigüi” [instaurado por el programa para adolescentes Cabra Chica Gritona de Vía X] y el término “ambiguo” que apela en este caso a la confusión y transgresiones entre el ser amigos, pololos o peor es na’”.
Inmediatamente recordé los múltiples sucesos de mi vida con los cuales se podría ejemplificar el novedoso término, principalmente casos de amig@s que en algunos momentos del día o la noche se olvidaron de los formalismos y me besaron, se dejaron tocar, me miraron con deseo, pensaron que metafísicamente seriamos la pareja ideal o simplemente tuvieron sexo conmigo.
Una de estas anécdotas ocurrió con una amiga lesbiana compañera de Campus y de colectivo universitario pro-diversidad sexual. Su nombre era Natalia, pero le llamaban Nato. Era una chica que no usaba falda, se vestía con prendas negras y solía usar un jockey sobre su cabeza. En ese entonces solía pensar que mi mala suerte con los hombres se arreglaría con relaciones con mujeres, idealmente lesbianas que no asumieran el clásico rol de la mujer heterosexual en la cama.
La amistad con Nato se basó en las confesiones de nuestros secretos e intimidades varias y nuestra asumida semejanza que nos hacía sentir distintos al resto. La ambigüedad de nuestra relación comenzó en un almuerzo en el casino. Le planteé que deseaba experimentar con una mujer en la cama y ella me dijo que no tendría problemas, que yo sería el hombre ideal para ella. Luego, bastaron que bebiéramos unos tragos, semanas después, y ella recordó que alguna vez heterosexual.
“Cuando un amigo besa a una amiga no dejan de ser amigos, ni se complican asumiendo compromisos”, esta es la regla principal de los ambigüis. Lo anterior lo afirma un amigo del cual un día estuve enamorado, pero con quién hasta el momento aún no ocurre nada.

sábado, mayo 19

El tiempo inútil de salir a divertirnos

El tiempo inútil de salir a divertirnos

La noche algunos viernes y sábados se comporta como el día: la gente camina por las calles, se ríe (más que durante día) y se miran entre ellos sin miedo; está cubierta de colores que dicen más en su fondo negro: Internet, Pub y discoteque, en colores de neón como en las películas. La noche es siempre distinta, no sabe lo que es. Para mí, parodiando a Proust, es tiempo inútil.

Cristian Cabello

A veces es mejor no escuchar a tu madre en sus periodos egoístas, cuando te dice “no salgas, estás resfriado”. Esa noche estaba un poco ronco y con más temperatura de la normal, así que no gasté tiempo en combinar mi ropa; simplemente, me arropé en lo primero que encontré a mi paso. Quería salir a bailar y beber porque creía que me lo merecía, que mi semana había sido muy dura:¡pobre víctima del sistema educativo!.
Nao, una compañera de universidad, me esperaba en el Metro Baquedano a las 11 horas. Llegué 10 minutos tarde porque la micro no pasaba y porque no suelo apurarme si estoy atrasado, ya que no soy histérico. Al llegar a la estación del metro muchas personas jóvenes estaban sentadas en el piso esperando a que ocurriera algo, me miraron tratando de encontrar en mí a un amigo, una polola o quizás un desconocido. Nao se estaba comprando unos cigarros, me acerqué y la saludé con afecto. No fue necesario pedir disculpas porque las amistades no se terminan por detalles tan mínimos (a veces).


Así que partimos al Barrio Bellavista que nunca terminaré de conocer. Vimos comerciantes vendiendo sopaipillas, borrachos tomados de la mano, más personas en busca de afecto, meseros que nos invitaban a tomar, carabineros y hombres guapos. Escuchamos una tocata a la pasada, una discusión entre amigos y una chica que no tenía cédula de identidad y no podía ingresar al pub-karaoke-discoteque del momento.
Debíamos hacer tiempo para llegar después a un evento performance. A mí no complica perder el tiempo, creo que muchos jóvenes disponemos a hacerlo cuando vemos televisión haciendo zapping o cuando escribimos algo que sabemos no se lo mostraremos a nadie porque nos da vergüenza. Mi compañera es similar a estas personas, no cuestiona el por qué del tiempo; yo en cambio creo que el tiempo inútil permite descubrir cosas fantásticas y, a veces, te ayuda a entender lo que haces. ¿Por qué? Tan solo porque el tiempo inútil te obliga a preguntarte por qué lo pierdes, por qué no lo piensas. Y entonces muchas respuestas se encuentran desde un “Vengo a buscar un mino” o “Necesito compañía porque estoy sola. Hace poco terminé con mi Daniel” que era la razón por la cual Nao había aceptado mi invitación.
Decidimos ingresar a un local que promocionaba dos tragos por uno. Preferimos una mesa sola, en vez de la barra. La mesa tenía una propaganda que te enseñaba a usar preservativos en las relaciones sexuales. Yo y Nao, porque estudiamos comunicación comenzamos a discutir, ya mareados con la Caipirinha, acerca de la intención del mensaje y su pésima concertación.
Entonces me dieron ganas de ir al baño y le dije a mi amiga que no se bebiera mi alcohol. Vi dos chicos tomados de la mano en la barra. Sentí celos. En el pasillo que dirigía al baño me encontré con un hombre y lo miré a los ojos. Los baños, de estos pubs que a principios del siglo XX eran casonas, son pequeños, antiguos e indiviuales. Cerré la puerta sin llave y me dediqué a esperar.