Una globalización a mediasEn el siguiente mini-ensayo expongo cómo algunos medios de comunicación aún están en estados de globalización arcaica, a diferencia de una web que permite el ingreso de casi todo, por su escasa restricción. (3ª Entrada de CFG: Globalización y Comunicación. Módulo 3)
by Cristian Cabello
En el Chile presente existen un creciente número de sitios en Internet que son de interés para la población glbt[1], auto-producidos y financiados por las propias organizaciones que agrupan a las minorías sexuales o con fines meramente comerciales. Esto a diferencia de lo que ocurre en la televisión chilena donde el filtro editorial aún se digna a omitir o representar casi fantasmagóricamente a gays, olvidando la existencia de lesbianas, denigrando a transexuales o relacionándolos en casos de violencia y para qué hablar de bisexuales, ni siquiera se habla de ell@s. En programas de entretención el gay es caricaturizado como un hombre afeminado: objeto de la burla mediática. Y en los formatos más “objetivos” para los receptores, como los noticiarios, las conductas homosexuales están, generalmente, relacionadas con casos de pedofilia o prostitución. De este modo se comprueba que el “vehículo de aprendizaje que enseña a la familia a vivir socialmente”[2], que sería un formato como el noticiero televisivo, evitaría educar respecto a temas sexuales o de género. Ser gay o lesbiana muchas veces se utiliza como una denuncia o una acusación en diarios o programas de espectáculos. “Sacar del clóset”, metáfora utilizada para referirse a las personas que asumen conductas sexuales fuera de la norma heterosexual, es aún visto como un acto de amenaza contra otros. Por ende la figura del “clóset” es aún espacio de lo prohibido, “una estructura de amenaza que impone el silencio a lesbianas y gays de modo que su subjetividad pierde cualquier posibilidad de ser públicamente reconocida y su autonomía queda drásticamente limitada”[3]
La televisión chilena suele enfocar las temáticas homosexuales desde una mirada paternalista, relacionando a los sujetos glbt con una historia de discriminación; las telenovelas también han mostrado papeles donde el gay o la lesbiana sólo se plantea como un sujet@ que aporta conflicto al drama, que sufre malestar psíquico por su opción sexual y otra serie de abordajes que nunca encaran la vida sexual, eje primordial de la definición científica de homosexualidad. Claramente las etapas de auto-percepción y representación definidas por Goffman, refiriéndose al proceso de reconocimiento identitario, se ven limitadas en el caso glbt a la designación (ser reconocido, conocido) por otros.
Hasta el momento sólo los medios escritos y electrónicos han realizado trabajos donde la familia, la historia política, entre otras tramas del movimiento glbt, han sido abordadas. Por ende el relato oral-mediático de este grupo construido por las industrias culturales alternativas, vanguardistas y políticas de izquierda, pertenecen a una esfera underground donde el escaso consumo las remite a lo que podríamos denominar: identidades abyectas. Condición necesaria, según Judith Butler[4], para la subsistencia de un sistema heteronormativo que, para no caer en psicosis, debe estar constantemente conciente de un otro prohibido, su limitación de lo permitido. En esta frontera las diferentes prácticas integradas a la multiculturalidad dejan de estar fuertemente comunicadas y se vuelven inversas o demasiado fijas. Pareciera que la televisión necesita de un espacio abyecto para denigrar constantemente y posicionarse de este modo en su poder y autoridad.
Medios que se jactan de representar una democracia homogeneizada y de poseer una visión de lo correcto y lo incorrecto, como sucede en el caso de la televisión, sólo son el reflejo de una sociedad organizada por mayorías políticas que no representan la diversidad de una nación étnica, sexual, etaria y políticamente heterogénea. Desde una perspectiva basada en John Thompson (1998) “en la esfera pública creada por lo medios electrónicos, las luchas por el reconocimiento se han convertido en “luchas por la visibilidad”. Esto es la aspiración de grupos como los glbt de legitimar sus demandas e influir en la toma de decisiones por parte de los estamentos del Estado. Esto último se sostiene en la encuesta ICSO/UDP 2005 que al consultar a la “opinión pública” quienes influyen más en las decisiones que toman las autoridades políticas, obtuvo en el segundo y tercer lugar, la influencia de las noticias de televisión y de los diarios respectivamente. Ilustrativa de esta misma escasa diversidad expuesta en las pantallas se refleja en la encuesta del Consejo Nacional de Televisión 2005 donde los actores que resultan desfavorecidos, es decir, mostrados peor de lo que son, serían: las mujeres, los niños, los evangélicos, los jóvenes y los homosexuales, éstos últimos con un 21,8% de las menciones. Y este mismo grupo en la pregunta inversa, es decir, como actor social favorecido o mostrado mejor de lo que es logra un 8,1% de las menciones.
Con lo anterior se concluye que la “salida de clóset” en el espacio público sostenido por la televisión aún no aporta un verdadero lugar de visibilización de los problemas de la comunidad glbt. La escasez de debates que no denigren la sexualidad del otro en la pantalla no condiciona la apertura de líneas editoriales. Sólo hasta que la representación de las minorías sexuales deje de ser percibida como una rareza, debido a formatos y temáticas demasiado machistas, conservadoras y católicas respecto a la sexualidad de los sujetos, la población glbt podría comenzar a reconocerse y participar del “espacio público” creado por los mass media.
[2] Winocur, R. 2002, p.68
[3] LLAMAS, Ricardo. “Miss Media. Una lectura perversa de la comunicación de masas”. Ed. de la Tempestad. Pág.158
[4] BUTLER, J. Cuerpos que Importan (2001)

