sábado, mayo 19

El tiempo inútil de salir a divertirnos

El tiempo inútil de salir a divertirnos

La noche algunos viernes y sábados se comporta como el día: la gente camina por las calles, se ríe (más que durante día) y se miran entre ellos sin miedo; está cubierta de colores que dicen más en su fondo negro: Internet, Pub y discoteque, en colores de neón como en las películas. La noche es siempre distinta, no sabe lo que es. Para mí, parodiando a Proust, es tiempo inútil.

Cristian Cabello

A veces es mejor no escuchar a tu madre en sus periodos egoístas, cuando te dice “no salgas, estás resfriado”. Esa noche estaba un poco ronco y con más temperatura de la normal, así que no gasté tiempo en combinar mi ropa; simplemente, me arropé en lo primero que encontré a mi paso. Quería salir a bailar y beber porque creía que me lo merecía, que mi semana había sido muy dura:¡pobre víctima del sistema educativo!.
Nao, una compañera de universidad, me esperaba en el Metro Baquedano a las 11 horas. Llegué 10 minutos tarde porque la micro no pasaba y porque no suelo apurarme si estoy atrasado, ya que no soy histérico. Al llegar a la estación del metro muchas personas jóvenes estaban sentadas en el piso esperando a que ocurriera algo, me miraron tratando de encontrar en mí a un amigo, una polola o quizás un desconocido. Nao se estaba comprando unos cigarros, me acerqué y la saludé con afecto. No fue necesario pedir disculpas porque las amistades no se terminan por detalles tan mínimos (a veces).


Así que partimos al Barrio Bellavista que nunca terminaré de conocer. Vimos comerciantes vendiendo sopaipillas, borrachos tomados de la mano, más personas en busca de afecto, meseros que nos invitaban a tomar, carabineros y hombres guapos. Escuchamos una tocata a la pasada, una discusión entre amigos y una chica que no tenía cédula de identidad y no podía ingresar al pub-karaoke-discoteque del momento.
Debíamos hacer tiempo para llegar después a un evento performance. A mí no complica perder el tiempo, creo que muchos jóvenes disponemos a hacerlo cuando vemos televisión haciendo zapping o cuando escribimos algo que sabemos no se lo mostraremos a nadie porque nos da vergüenza. Mi compañera es similar a estas personas, no cuestiona el por qué del tiempo; yo en cambio creo que el tiempo inútil permite descubrir cosas fantásticas y, a veces, te ayuda a entender lo que haces. ¿Por qué? Tan solo porque el tiempo inútil te obliga a preguntarte por qué lo pierdes, por qué no lo piensas. Y entonces muchas respuestas se encuentran desde un “Vengo a buscar un mino” o “Necesito compañía porque estoy sola. Hace poco terminé con mi Daniel” que era la razón por la cual Nao había aceptado mi invitación.
Decidimos ingresar a un local que promocionaba dos tragos por uno. Preferimos una mesa sola, en vez de la barra. La mesa tenía una propaganda que te enseñaba a usar preservativos en las relaciones sexuales. Yo y Nao, porque estudiamos comunicación comenzamos a discutir, ya mareados con la Caipirinha, acerca de la intención del mensaje y su pésima concertación.
Entonces me dieron ganas de ir al baño y le dije a mi amiga que no se bebiera mi alcohol. Vi dos chicos tomados de la mano en la barra. Sentí celos. En el pasillo que dirigía al baño me encontré con un hombre y lo miré a los ojos. Los baños, de estos pubs que a principios del siglo XX eran casonas, son pequeños, antiguos e indiviuales. Cerré la puerta sin llave y me dediqué a esperar.