Lo que pasa cuando entrevisto
Lo trato de evitar, pero no puedo. Resulta que cuando entrevisto a una persona me es imposible no enamorarme de ella, aunque sea por los minutos que hago las preguntas que siempre me parecen tontas. A la austriaca que estoy entrevistando ahora le explico mi situación. Ella se ríe. Yo soy el primer gay que conoce, en realidad, me dice “amigo” pero prefiero omitir aquello porque quizás lo dijo sólo por gentileza o porque en verdad me parece grave hacerme amigos en menos de dos tardes. De Austria sólo conozco a Maria Antonieta, la película Antes del Amanecer y noticia que dio vuelta el mundo sobre la niña, Natasha, que fue secuestra y que vivió encerrada doce años en el sótano de una casa en Austria. Mi entrevistada es linda persona. Yo le digo que tiene carita de pena, pero parece que es porque no está en sus días.
Volviendo al tema del amor, la austriaca me dice que si yo me voy a Viena no me va a costar encontrar pareja, que de hecho parezco alemán. Me percato que ahora yo parezco el entrevistado y que le he hablado mucho de mi vida. De hecho ya sabe cómo, dónde y con quién perdí mi virginidad.
Ella tiene algo difícil de definir con un chico de Chile. En realidad se trata de esas relaciones tan típicas de este tiempo donde hacemos como si no pasa nada, donde no se coloca nombre a las caricias, donde antes que pololos son amigos. La austriaca está enojada, no entiende a los meseros y está cansada de descubrir cosas nuevas. Su enojo aumenta porque su “amigo” le pidió que se distanciaran, que se tomaran cada uno su espacio. “Muchas cosas que digerir, sabes”, me dice con su acento francés.
Le insisto a la austriaca que entrevistemos a un escolar, pero ella no parece interesada. Le cuento que los escolares me producen ternura en esos trajes que utilizan, no es sólo un fetiche, sino que verlos en la plaza sin hacer nada, pero en realidad diciendo mucho al no ir clases, me recuerdan que yo fui así, que aún a mí me gusta andar acompañado con mi grupo de amigos, que yo también no supe muy bien para dónde ir o qué hacer. Le pido la cámara a la austriaca y me doy cuento que me gustan los retratos.
Lo trato de evitar, pero no puedo. Resulta que cuando entrevisto a una persona me es imposible no enamorarme de ella, aunque sea por los minutos que hago las preguntas que siempre me parecen tontas. A la austriaca que estoy entrevistando ahora le explico mi situación. Ella se ríe. Yo soy el primer gay que conoce, en realidad, me dice “amigo” pero prefiero omitir aquello porque quizás lo dijo sólo por gentileza o porque en verdad me parece grave hacerme amigos en menos de dos tardes. De Austria sólo conozco a Maria Antonieta, la película Antes del Amanecer y noticia que dio vuelta el mundo sobre la niña, Natasha, que fue secuestra y que vivió encerrada doce años en el sótano de una casa en Austria. Mi entrevistada es linda persona. Yo le digo que tiene carita de pena, pero parece que es porque no está en sus días.
Volviendo al tema del amor, la austriaca me dice que si yo me voy a Viena no me va a costar encontrar pareja, que de hecho parezco alemán. Me percato que ahora yo parezco el entrevistado y que le he hablado mucho de mi vida. De hecho ya sabe cómo, dónde y con quién perdí mi virginidad.
Ella tiene algo difícil de definir con un chico de Chile. En realidad se trata de esas relaciones tan típicas de este tiempo donde hacemos como si no pasa nada, donde no se coloca nombre a las caricias, donde antes que pololos son amigos. La austriaca está enojada, no entiende a los meseros y está cansada de descubrir cosas nuevas. Su enojo aumenta porque su “amigo” le pidió que se distanciaran, que se tomaran cada uno su espacio. “Muchas cosas que digerir, sabes”, me dice con su acento francés.
Le insisto a la austriaca que entrevistemos a un escolar, pero ella no parece interesada. Le cuento que los escolares me producen ternura en esos trajes que utilizan, no es sólo un fetiche, sino que verlos en la plaza sin hacer nada, pero en realidad diciendo mucho al no ir clases, me recuerdan que yo fui así, que aún a mí me gusta andar acompañado con mi grupo de amigos, que yo también no supe muy bien para dónde ir o qué hacer. Le pido la cámara a la austriaca y me doy cuento que me gustan los retratos.

