
E-comunidades desde una perspectiva Queer
La siguiente entrada se apropia de la "Teoría del deseo" para, de modo vulgar, referirse a como la comunidad GLBT (entendida en tanto miembro de las sociedades democráticas) utiliza el ciberespacio como sitio de reunión y nueva propuesta de política ciudadana. Esta entrada forma parte de la 2ª Entrada para el CFG: Comunicación y Globalización.
Cristian Cabello
Mucho se habla de las comunidades virtuales, pero ¿en qué consiste el ciberespacio? En antropología, lo primordial para desarrollar las relaciones de un grupo humano es su ubicación física, de la cual, de algún modo, se apropian. En el caso de los sujetos e-conectados que se relacionan, la mayoría de las veces, en más de un sitio o programa Internet (P2P, foros, blogs, etc.), el espacio físico está determinado por la indeterminación del ciberespacio. Los usuarios de la web buscan los espacios de relaciones donde las normas, los passwords y las restricciones sean mínimas. ¿Cuál es la utilidad de este espacio que visitamos diariamente para la comunidad GLBT[1]?
Viajando por la web es fácil reconocer que la población homosexual de Chile tiene su mayor y mejor participación en los medios electrónicos. Se podría explicar esta visión en términos políticos: la TV y la prensa son aún medios muy conservadores y de derecha política, a diferencia de una web que promueve la diversidad de participantes, opiniones de actores sociales y sin restricciones de grandes entidades fácticas; este argumento no deja de ser cierto, pero no presenta el potencial explicativo que hace de la web un nuevo espacio para hacer política desde la disidencia sexual.
Donald Morton en su ensayo El Nacimiento de lo Ciberqueer actualiza la teoría queer aplicándola al ciberespacio. Para este ensayista gay estadounidense el placer y el deseo son los vectores de una nueva política y participación ciudadana, que no se baña en los antiguos términos de una política racional; la personas rechazan las categorizaciones rígidas, los jóvenes pueden ser punk y folcloristas a la vez, y cualquier signo de “compromiso” político es mal visto por un resto aburrido de determinaciones históricas. La teoría queer no busca un mundo sin géneros establecidos, simplemente no cree en los conceptos que puedan regir la vida; no tiene conceptos de inclusión o exclusión de corte marxista; “ser queer es entrar y celebrar el espacio lúdico de la indeterminación sexual”[2].
Un día podemos sentirnos gays, al siguiente día bisexuales y así sucesivamente y forma circular, la sexualidad no es una experiencia fija. Esto se plasma con diversas expresiones en la red: pornografía, foros, juegos online donde se elige la identidad, chat, medios de organizaciones lesbianas, transexuales, gays o de jóvenes GLBT (www.cuds.cl) y fotologs (www.gayfotolog.cl); son algunas de las posibilidades que posee la comunidad GLBT (y gay principalmente) para manifestar su deseo que no quiere ser normado. Es importante ver este signo de participación como un lugar donde se hace historia, donde son los mismos usuarios quienes eligen sus propias historias con sus “cuerpos virtuales”. Con esta sobrealimentación de relatos y la edificación de fetiches, pareciera que el término comunidad se desintegra y queda demasiado out para los ojos del deseo: es otro signo de compromiso político. No olvidemos que el valor atractivo del ciberespacio es su supuesta desconexión con la actualidad, que sitúa a los sujetos al margen de toda responsabilidad social.
[1] Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales
[2] VV. AA. Sexualidades Transgresoras.(2002) Pág. 124
